domingo, 10 de febrero de 2008

A los malos momentos


Todos hemos sentido una muerte inesperada, una colección de suspensos importante, un amor roto, un amigo que te falla, un familiar que marcha… Todo hemos tenido malos momentos en la vida alguna vez. Pero todos sabemos que son los que te ayudan a ser más fuerte en la vida, a verlo todo de otra manera, a tener más cuidado, a estar más atento… son los que te ayudan a madurar. Son los que te ayudan a plantarle cara a las dificultades de la vida.

De algunos, como la muerte de un ser querido, no te recuperarás jamás. Es algo que te han arrancado a pedazos sin piedad. Sólo te queda el consuelo de todos los momentos que pasaste a su lado y que, estén donde estén, te siguen mimando, preguntando, ayudando y queriendo como antes o cada día más. Que en ocasiones, son los que te dan esa fuerza para continuar con todo porque ahora lo saben todo de ti. Son tu nuevo confidente cuando te levantas por las mañanas.

De los golpes que te da la vida uno tiene que aprender a levantarse. Aunque le cueste. A mí, personalmente, me ha costado mucho levantarme de algunos, pero lo he terminado haciendo. Me cuesta mucho olvidar pero creo que cuando lo hago no miro para atrás.

Me he dado cuenta que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Que si le has jugado limpio a la vida, ella te lo devolverá. Y quien todavía no te entienda, ya lo entenderá. Que un perdón puede con todo. Que todo el mundo se equivoca, yo también. Que costaba mucho seguir y continuar con el trayecto a tus espaldas pero cogiste la mochila y continuaste el camino. Que todo se vuelve a colocar en su lugar, que muchas cosas se siguen sin entender pero es mejor seguir caminando y agarrarte a una roca si te encuentras mal. Descansar, levantarte y seguir.

Porque algunos te fallan pero siempre tienes otros ahí, escuchando tus lágrimas. Es lo único que pueden hacer. El tener un hombro donde llorar o unos minutos de alguien que te escucha sin hablar, es la única motivación fuerte que sientes para seguir adelante. Con los malos momentos, conoces mejor a las personas, te conoces mejor a ti mismo y te das cuenta lo que significan los que están más cercanos. El truco está en tu fortaleza que consiste en tu afán de superación y en tu modo de afrontar las cosas.

Es cierto, que en ocasiones, se hace muy difícil salir del pozo y parece como si el pozo te cogiese por los pies y te ahogase más porque el momento es tan amargo, los personajes de la historia son tan importantes para ti, que piensas que todo se desploma, que no tenías nada y te vas a quedar con menos. Se pasa mal, a veces no sabes ni levantarte de la cama. El día a día es una auténtica batalla para no verlo oscuro, porque su tu día es por completo un mal día aún así tienes que seguir huyendo de hacerlo peor todavía.

Pero llegará el día que te despiertes y sepas plantarle cara a la noche constante que se había creado en tu vida. El sol volverá a brillar. Ese día llegará cuando sepas y te sientas bien contigo misma, cuando sepas que nunca fallaste. Cuando sepas perdonar.

Pero perdonas y no olvidas. Esto va por fases, no pienses que no lleva y cuesta su tiempo. Desaparecen los malos momentos o, por lo menos, desparecen de la vista de todos, hasta de los que llorabas en su hombro. Ya no se manifiestan con lágrimas, ni tardes ensangrentadas de dolor. Ahora sólo te quedas callada unos instantes cuando de repente de nuevo te vuelve el recuerdo de todo lo que te ocurrió y tuviste que soportar.

Con el paso del tiempo, con el poder de la amistad, con la verdad por delante, todo se soluciona y te atreves hasta a escribir sobre ello porque los malos momentos quedaron lejos. Y te das cuenta que cuando tenias un mal momento dejaste de lado los buenos momentos, que también los había a pesar de todo. Y te agarras a un clavo ardiendo y te equivocas. Todo se soluciona de nuevo. A veces ese clavo ardiendo es lo que necesitas para continuar y cuando ya se ha solucionado todo ese clavo se enfría y te das cuenta que te agarraste a ello porque la roca se rompía.

Continuarán llegando momentos malos en tu vida. No te abandonan nunca, porque la vida no es un camino de rosas pero, cada vez que llegue uno de nuevo, sabrás salir hacia delante por el espíritu de superación que te dieron los otros. Y porque ahora, esos momentos ya no existen. Están tan olvidados que ya no te quedarás en silencio sin hablar ni por un momento. Ya todo son sonrisas y felicidad, lo normal. Y es porque la vida te ha puesto en tu lugar.